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jueves, 6 de marzo de 2014

¡Hola, soy Gokú!

Fue en 1994, la fulminante llegada a las pantallas del Perú (Proveniente del planeta Vegita) de un niño con una extraña cola de mono y yo creo que ni Superman, ni Batman, ni Thor puedan transmitir tanta emoción y locura como el héroe cuyas palabras iban dirigidas a tí al final de cada episodio, contándote lo que sucederá el siguiente episodio, pidiéndote que lo acompañes. No fue costosa la llegada de aquel Animé a la televisión latinoamericana. El conocidísimo actor de doblaje mexicano, Mario Castañeda metía su voz en el cuerpo de un ser musculoso, de pelo alborotado y con una actitud extremadamente carismática, el cual, te pedía que levantaras tus brazos y manos al aire pidiendo tu energía para invocar la todapoderosa Genkidama y vencer a tus casi invencibles enemigos. Me molesta saber que el nombre de la serie se llamaba Dragon Ball (Las esferas del dragón), ya que para mí, se debió llamar "Las increíbles aventuras de Gokú".

"Un grandioso viaje empezará, hoy es la oportunidad, ¡Lucha hasta el final!" Fue la frase que se convertiría en la primera llave al mundo batallador que te ofrecía el popular héroe en unas ropas color rojas de escuela de artes marciales. 



Aunque gente nacida a finales de los 80's también veía este marcante conjunto de sagas, impulsada un poco por su deseo de conservar la inocencia, es considerado por muchos, como el dibujo animado que marcó el inicio de la consciencia por hacer del mundo un lugar mejor para vivir para la generación de los nacidos en los 90's. El viaje empezó siendo un poco confuso para mí, ya que nunca había visto un niño con una cola y que cuando sucedía espontáneamente al ver la luna, se transformaba en un simio gigante con ilimitados poderes. Admito que al comienzo sentía miedo con mis 3 o 4 añitos al ver a Gokú transformarse de esa manera, pero con el paso de los días, el morbo me hacía pedir más de monstruosidad.

La saga de la batalla contra patrulla roja, me enseñó que estando tú solo puedes superar tus problemas y obstáculos sin importar el número de personas o cosas que conformen tus obstáculos. El espíritu de lucha de Gokú al atravesar con un solo puño el cuerpo de Piccoro Daima-Ku innovó a todo un grupo de niños.


Cuando finalizó la primera saga, sucedió algo histórico para mí. Siendo Gokú un jóven de ya 18-20 años, conoce a su más íntimo némesis, el príncipe Vegeta, luego de su arduo entrenamiento con el cómico y místico dios de la galaxia, Kaiosama. Siendo el segundo un despiadado villano, de la misma raza saiyajin que Gokú (Con cola y con habilidades para transformarse en simio gigante, igual que Gokú) tenía un deseo de que el Gokú, estándo con un brazo roto, pudiera acabar con su más igualitario adversario. Jamás voy a olvidar la primera vez que vi al héroe de Animé más grande de todos los tiempos luchar con Vegeta y pese a que al comienzo lo detestaba, agradezco al otro actor de doblaje mexicano, René García (Voz del sanguinario príncipe de los saiyajin) por aclararme las dudas sobre el verdadero origen y la verdadera naturaleza del hombre conocido por los de su raza como Kakaroto y por los terrícolas como Gokú.



Gokú llego con su hijo Gohan y sus mejores amigos: Krillin y Bulma al planeta de Namekuseí para conseguir las esferas del dragón y revivir a sus amigos caídos en la batalla ante Vegeta (con quien, durante la estadía, formarían una tregua de la cual, el príncipe de los saiyajin no sabría que duraría para siempre). Sin embargo, durante la batalla contra el segundo adversario despiadado, el poderoso Freezer, sucede uno de los tantos hechos que nunca voy a olvidar. Freezer, tras dejar mal herido a Piccoro y tras el segundo asesinato de Krillin, hizo que el enfado de Gokú llegó a señales tan altas que la coloración de su cabello se empezaba a tornar a un tono dorado y sus ojos a un verde muy claro. Confuso yo, sentía que obviamente el el fin de Freezer y que Gokú era el héroe que anunciaba la profecía de su planeta: La llegada del Super Saiyajin.


La siguiente saga fue la más emocionalmente destructora para mi alma y a la vez, una de las más repugnantes. Fue la saga de Cell y los androides. Construidos por el vengativo ex científico de la Patrulla Roja, el dr. Maki Gero, este conjunto de androides, tenía como misión asesinar a Gokú, sus amigos y al recientemente, también convertido en super saiyajin, Vegeta. La forma en la que Cell absorbía por su cola a los al rebelde androide N°17 y a la coqueta y bonita androide N°18 para aumentar sus poderes, me provocaba algunas veces, nauseas. Fue tras el asesinato del amable androide N°16 uno de los momentos más memorables de mi vida. El cuando la batuta del héroe fue traspasada de las manos de Gokú a las de su hijo, Gohan, mientras el musculoso niño de 12 años explotaba su furia con un grito de pérdida, iba más allá de la fuerza de un super saiyajin. Durante la batalla entre Cell y Gohan, Gokú sacrifica su vida, al punto de sacarme lágrimas cuando pide desde el más allá que no lo revivieran nunca más. Para la suerte de mi alma, el héroe volvería una temporada más tarde. Conocer al hijo de Vegeta, Trunks (proveniente del futuro con 16 años de edad), también hizo que mis ojos se abrieran como luna llena y me agarrara la cabeza, como dice la canción de Juan Luis Guerra.

 

Fue en la última saga, la del casi invencible monstruo Majin Boo en donde la pandilla de guerreros terrícolas y saiyajines unen fuerzas una vez más. Con un Gohan de 16 años, un superpoderoso Vegeta (que inicia la temporada siendo controlado mentalmente) y un Gokú, con una aureola que simboliza su condición de difunto, una apariencia que no envejece y con una habilidad un poco intimidante de alargar sus cabellos al convertirse en el super saiyajin fase '3', se inicia una feroz última batalla contra el rosado villano, el cual cambió a muchas formas con tan solo absorber a sus oponentes. Durante la mitad de la batalla, recuerdo tristemente el sacrificio de Vegeta tras abrazar a su hijo de 8 años, Trunks. Una orgullosa explosión de energía en vano que demostró que el príncipe saiyajin peleaba por alguien más que solamente su persona. Fue en el planeta de los supremos Kaiosama cuando Gokú libra el último mano a mano contra Majin Boo. Una batalla en la que recuerdo obedientemente haber estirardo los brazos cuando Gokú pide la energía de toda la tierra para poder vencer a su adversario. El saludo de dedos entre Gokú y Vegeta marcaría el final de una era para mí.

 

Gokú me dejó con un saludo de dos dedos en su cabeza, los cuales se los enseño a todo el mundo cuando me voy. Por ahí, siento que el héroe saiyajin salvará al universo de otra despiadado que quiera destruirlo.


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